Archivo mensual: febrero 2011

Lucia, un canto de locura.

Lucia di Lammermoor.

A 10 de febrero de 2010, Auditorio Víctor Villegas de Murcia.

Música de Gaetano Donizetti.

Libretto de Salvatore Camarano.

Basada en la novela homónima de Walter Scott, Lucia de Lammermoor es uno de los pilares del repertorio operístico, máxime desde que Maria Callas nos mostrara una concepción de la protagonista muy distinta a lo que se venía haciendo hasta el momento: el fuego escénico de la Divina (así la llamaban sus seguidores) revolucionó la ópera, no sólo en Lucia sino en tantos y tantos grandes papeles. Antes de ello, durante la primera mitad del XX, las sopranos se limitaban a cantar como pajarillos, sin darle el relieve interpretativo que se merecían sus heroínas. Si bien es cierto, como se ha apuntado, la Callas es una magnífica Lucia (quizá la mejor en los cincuenta, su única década de oro), es superada a juicio de quien escribe por sopranos posteriores como la recién fallecida Joan Sutherland y en menor medida por Beverly Sills (en los 60 y 70, Mariella Devia y Edita Gruberova, que disfrutan actualmente de sus últimos años en escena.

La diferencia principal entre la Callas y el resto es que la griega volcaba todas sus fuerzas en mostrar una Lucia locamente enamorada de Edgardo con una teatralidad fuera de serie y una italianità como sólo ella sabía ofrecer. Eso sí, su instrumento siempre fue de un timbre agrio, muy metálico y de agudos algo chirriosos. No tenía tampoco una técnica de lo más ortodoxa, lo cual le llevó a un inexorable declive. Sutherland, Sills, Gruberova y Devia aportan, cada una a su estilo y en su medida, unas voces más claras, ágiles, bien timbradas y resplandecientes. Sus agudos son seguros y sus pianissimi transportan al mismo paraíso. ¿Algo frías? Puede, según como se mire, va en gustos, porque en la ópera todo es discutible.

Aquí adjunto dos ejemplos del final del aria de la locura, en el que Callas tendría ventaja por el mejor sonido.

Lucia es un personaje puramente romántico. A pesar de que la novela no está inspirada en el XIX, Walter Scott introduce los tópicos artísticos decimonónicos: ruinas, tormenta, castillos, guerra, matrimonios forzados, religión, traición, venganza. El amor imposible de Edgardo y Lucia, de familias enemigas, no puede salir adelante por la oposición de Enrico, hermano de ésta, que la obliga a casarse con Arturo, quien puede ayudar a la familia a superar una situación de poder complicada. Nuestra protagonista accede tras haber sido engañada por su hermano mediante una carta falsa que le entrega a ella donde se dice que Edgardo se ha marchado con otra. Cuando Edgardo vuelve se entera de que Lucia se ha casado y decide combatir con su hermano. Lucia mata a Arturo presa de la locura, y muere. Ante tal panorama, Edgardo se suicida también.

Es recurrente por tanto el argumento para Donizetti y Camarano, quienes plantean un papel complicadísimo a nivel vocal y escénico, que apenas tiene oportunidad de descansar. Sin desmerecer la importancia del tenor y del barítono, Lucia maneja los destinos de la obra, y sin una cantante sobresaliente puede ser un fiasco: tiene 2 arias bien amplias (una de ellas es una escena de 20 minutos), dos dúos hermosísimos con tenor y con barítono, y participa de manera clave en el cuarteto y en el sexteto. El tenor debe tener una línea impecable, con brillo y elegancia, y ser portador de un magnífico fraseo. Aparece dos dúos, una escena larga aunque no tanto como la de Lucia y también aparece en los conjuntos. El barítono requiere un punto de maldad, sin desmerecer el buen gusto. El bajo, que hace de sacerdote, presenta menos relevancia en la obra, así como el tenor Arturo.

La función murciana fue un éxito clamoroso.

Mariola Cantarero (curioso apellido), granadina y con poco más de 30 años, puso el Auditorio boca abajo. Ningún agudo se le resistía, no vagueaba en las agilidades, no escatimaba en artificios: dio todo lo que se puede dar de Lucia vocalmente, y no sólo eso, también recreó una Lucia creíble, dulce y comprometida en el primer acto, turbada en el segundo y loca, muy loca en su imposible escena del tercero. Encandiló al público con sus pianissimi, sus medias voces, sus filados, y los agudos bien puestos, con coraje y decisión. Menuda pedantería vocal más milagrosa.

Ismael Jordi, tambien andaluz y de la misma edad (casi siempre cantan juntos) no se quedó atrás. Sin tener la fantasía vocal de Pavarotti o el sabor y fraseo de Bergonzi, no se quedó atrás. Nos impresionó la belleza de su timbre, homogéneo en sus registros, con personalidad y mucha clase. Un Edgardo exquisito que brilló sobre todo en los dúos con Lucia y Enrico, y que tampoco fue tacaño en cuanto a los agudos.

El barítono Javier Franco nos presentó notablemente a Enrico, con bastante genio interpretativo aunque algo soso vocalmente, si bien con buenos recursos vocales y un registro homogéneo.

La dirección estuvo a cargo de David Parry, conocido entre otros menesteres por sus colaboraciones con la casa discográfica inglesa Opera Rara, y aunque estaba más atento a las voces que a la orquesta he de reconocer que con no muchos medios ha hecho un trabajo correcto.

El coro estuvo mejor que en otras ocasiones, sobre todo las voces masculinas.

La puesta en escena, ambientada en la época victoriana, se basaba en los fuertes contrastes de luz. A veces estaba tan oscura la escena que sólo se veía a los cantantes con fondo negro, y en otros momentos refulgía una luz cegadora del fondo que no permitía ni ver los subtítulos.

Era Murcia, no New York.

Veriones recomendadas:

-Callas, Di Stefano, Bastianini; Karajan, 1955

-Sills, Bergonzi, Cappuccilli; Schippers, 1967

-Sutherland, Pavarotti, Milnes; Bonynge, 1971

-Gruberova, Kraus, Bruson; Rescigno, 1983.


Principios Universales del Estudiante Crápula

Tras la rigurosa observación del comportamiento de varios grupos de estudiantes, he sacado una serie de principios en claro que se cumplen sin excepción y de forma ineludible. Algunos son experiencias propias, fruto de los experimentos en los que he participado, como un individuo más, arriesgando mi integridad física y moral.

Los Principios Universales del Estudiante Crápula son los siguientes:

1.      Una cerveza conduce de manera inexorable a la siguiente, y así sucesivamente hasta llegar a la copa.

2.      La noche no tiene por qué acabar donde empieza el día. Tal concepción del tiempo está desfasada desde que existen los afterhour.

3.      Un día entre semana no alberga diferencia alguna con uno del fin de semana.

4.      El beber agua es una costumbre bárbara y soez, que atenta contra el medio de vida natural de peces y otros animales acuáticos y subacuáticos.

5.      Las casas son para dormir el tiempo justo para salir de nuevo. Se permite un breve asalto a la nevera y a la despensa. También es recomendable acercarse al cabeza de familia con la mano derecha abierta y la palma de la misma mirando hacia arriba.

6.      Tengo que estudiar no es una excusa; tengo una pierna rota tampoco lo es. No tengo dinero se aceptará siempre que el conjunto del grupo no pueda paliar tal carencia. En dicho caso, cuando el individuo en cuestión diga con voz lastimera: “yo me voy a casa, porque no tengo dinero”, el resto del grupo permanecerá callado, o, si acaso, alguien responderá: “bueno, pues ya nos vemos mañana, ¿no?”

7.      Volverse a casa antes de que el conjunto del grupo lo haya dictaminado se considera deserción, y será tratado como falta grave.

8.      No poder hablar por estar gravemente afectado por la ingestión masiva de alcohol no representa problema alguno, lo preocupante sería lo contrario.

9.      Las siete de la tarde es una hora más que aceptable para dar comienzo al noble arte de la ingestión alcohólica. El hecho de que la biblioteca cierre a las nueve no debe influenciar al grupo.

10.  Las copas del Corner no afectan al hígado ni producen los deseables efectos propios del alcohol. Por ello, quedan degradadas automáticamente a la condición de agua.

11.  La palabra alcohólico es un invento malicioso del los sobrios, que tratan de convertir a la población a su doctrina contrafáctica. Se propone el término: aficionados a las reuniones sociales con fines embriagadores.

12.  No es necesario apuntar cuándo un establecimiento sirve garrafón, en el caso de que ya se esté consumiendo bebida dentro del mismo. Es de tan mal gusto como decirle a un amigo, que está a punto de tomar un bocado de su hamburguesa, que es rata.

13.  Tan censurable es beber antes de un examen como no hacerlo después.

14.  También será considerado falto de tacto el recordar a los miembros del grupo que tras aquella juerga sigue habiendo vida por delante y un mañana por la mañana.

15.  Los vasos de tubo son un producto capitalista denigrante para el aficionado a las reuniones con fines embriagadores. Es necesario abogar por las copas de balón  y vasos anchos. Reconocemos el mérito de locales como Alcopone y Postura.

16.  El hígado no es tan soso como nos quieren hacer creer; disfruta tanto del alcohol como el que más.

17.  Un tropiezo lo tiene cualquiera, no significa nada. El caminar en línea recta está sobrevalorado, puede hacerlo cualquiera y, por lo tanto, es vulgar.

18.  Con la intención de que el miembro del grupo que se mantiene sobrio para conducir no se sienta desplazado, se deberá hacer todo lo posible por hacerlo partícipe de la juerga, convirtiéndolo en el centro de todas las burlas y mofas. Ya que el grupo se derramará, sin querer, copas encima, tendremos que derramarle, sin querer, copas encima al conductor. Habrá que vigilar, también, que no beba una gota de alcohol ni ligue, no queremos volver a casa andando. A la mañana siguiente no podrá resistirse a llamar al resto del grupo a casa para reírse de su resaca, de modo que no se considera inmoral el humillarlo sin piedad; es mantener el equilibrio cósmico.

19.  Ligar es un concepto subjetivo, no debemos dudar de la palabra de un amigo.

20.  Vomitar en el coche de un amigo es señal de confianza, aprecio y generosidad; compartir es vivir.

21.  Frases del tipo: “¿tú no tienes un examen mañana a las  08:30?” serán castigadas inmediatamente con la imposición, al individuo en cuestión, del puesto de conductor, con todas sus pertinentes consecuencias.

22.  Cuando un miembro del grupo propone tomar la última copa, sólo caben tres respuestas: “sí”, “amén” y “siempre”. Un leve asentimiento será aceptado.

23.  Si un portero no permite la entrada al grupo a un determinado local, se le insultará desde cierta distancia, con el volumen de voz justo para que nos escuche el resto del grupo, pero jamás el sujeto objeto de los improperios.

24.  Si notásemos que reina en el grupo un sentimiento de remordimiento y malestar de conciencia por la proximidad de una obligación ineludible (por ejemplo un examen), nuestro deber consistirá en repetir hasta la saciedad que las mejores fiestas son las que se improvisan. Si esto no funcionara, recurriremos a: una cervecita rápida y para casa.

25.  El alcohol distorsiona la forma de percibir el tiempo. Si una cervecita rápida parece durar ya cuatro o cinco horas, no quepa duda que es un efecto del alcohol; sigan bebiendo sin remordimientos.

26.  Todo el mundo es de puta madre hasta que se demuestre lo contrario.

27.  Las personas de cierta edad que pretendan sentirse jóvenes parloteando con el conjunto del grupo, deberán, obligatoriamente, subvencionar las copas de cada individuo que le preste atención.

28.  Cuando un miembro del grupo decide, de manera espontanea e individual, tumbarse en el suelo y echarse una cabezadita, no somos quién para contradecir su voluntad.

29.  Las señoritas del grupo, o cualquiera que esté cerca, deben de estar en todo momento bien provistas de bebidas alcohólicas. Mientras haya un caballero cerca, una dama nunca debe permanecer sobria.

30.  La cerveza sin alcohol es una aberración de la tecnología. Queda automáticamente degradada a la condición de agua, o, ya que provoca gases, a la de agua con gas. Desde aquí proponemos su ilegalización. El colectivo de aficionados a las reuniones sociales con fines embriagadores nunca ha propuesto la comercialización de coca-cola con alcohol, han de pagar cada producto por separado. Que dejen a la cerveza tranquila, ¡paren de experimentar con ella!, es inmoral.

31.  Olvidar es, a menudo, un privilegio. Se desaconseja tratar de llenar las lagunas etílicas, pueden salir a flote recuerdos traumatizantes. Que lo que el alcohol borre, no lo rescriba el hombre.

32.  Es un hecho contrastado que el que más bebe es el más hombre.

Todos estos principios se resumen en todos estos principios. Por favor, trate de no seguir ninguno de ellos en absoluto.


Soneto al hasta luego

Tus ojos son dos islas de sirenas

que cantan, con voz dulce y armoniosa,

hechizo que no es magia, es otra cosa,

aunque igual teja mágicas cadenas.

 

Tus ojos corazón son de las venas,

regueras cuyo paso es el que adosa

mi espíritu a la alegre rama rosa

del árbol de la tarde tarde apenas.

 

Pues nunca es tarde dentro de esa tarde.

Y siempre hay tiempo. Y un zaguero beso

se teme más que al último latido.

 

Tu mano suelto en un postrero alarde,

y con un solo beso me despido,

y no me he ido aún cuando regreso.

Felipe Santa-Cruz Martínez-Alcalá

Sevilla, domingo, 16 de enero de 2011