Fermín. La verdadera historia del vagabundo juez de calle

Conoce a Fermín, el vagabundo que dedicó su vida y su desempleo a juzgar el mundo desde la acera.

Anuncios

¿Quieres publicar? Publica

http://wp.me/p3LLDF-1e


Pobre raza

Me condujeron mis pasos
a la Plaza del Museo;
al recordar sólo veo
un hombre durmiendo al raso,

y la noche, y, como lava,
las dispersas luces rojas
dando lumbre ocre a las hojas
del ficus que me guardaba.

Era un árbol centenario;
sus hojas se desprendían
de su copa, y las seguían
mis ojos. Y corolario

fueron de mis pensamientos
(yo llegué allí aturdido).
Pensé en el tiempo vivido,
en los achaques y vientos

que el viejo árbol debía
de contar (si todavía
mantienen algún bosquejo
de cuentas los seres viejos).

¿Qué harás tú para querer
seguir apurando gotas
de lluvia, luces, motas
de polvo?… Y vi caer

leves, por los aledaños,
las hojas, secas y verdes.
¡Quieres vivir porque pierdes
tus recuerdos con los años!

¡Ay, la nuestra, pobre raza
que no alcanza
a olvidar lo que ayer fuimos
ni los recuerdos pesados,
y vivimos agobiados
hasta el día en que morimos!

Felipe Santa-Cruz Martínez-Alcalá


Pintarte

No pienses que no quiero
pintarte, es que no puedo.

Los sutiles pinceles
de trazo limpio y cierto
para pintar tus ojos,
tus labios (la expesión alegre en ellos),
quisiera utilizarlos, pero, al verte,
resbalan de mis dedos.
Y los colores vivos
que viste el mundo gris cuando te veo,
los pinta tu mirada en mi mirada;
yo en mi alma no los tengo.

No pienses que no quiero
pintarte, es que no puedo.

Como hacen los poetas cüando aman,
si quieres me retrato los adentros.
El agua de este pozo, el agua clara,
devuelve tu reflejo.

Felipe Santa-Cruz


A ayer

Hoy me sabes a ayer,
a principio y a noche de verano.
Me sabes a ron miel.
Y hueles al perfume
de duda en tus pupilas y en tus labios
y a la primera vez.

Felipe Santa-Cruz


Festival de belcanto en Barcelona

Linda di Chamounix, de Gaetano Donizetti.
Gran Teatro del Liceo, Barcelona, 20/12/2011
Linda: Diana Damrau
Carlo: Juan Diego Flórez
Marchese: Bruno de Simone
Pierotto: Silvia Tro Santafé
Antonio: Pietro Spagnoli
Prefetto: Simón Orfila
Director: Marco Armiliato
Estrenada en Viena en 1842, esta ópera menor dentro de la fértil producción donizettiana presenta altibajos en cuanto a lo musical y un argumento corriente y prescindible. Pero no es Linda di Chamounix el atractivo de las representaciones del Liceo, sino la pareja protagonista, hoy en la cima de los cantantes de repertorio lírico-ligero. Linda se adapta muy bien a sus posibilidades y quizá entendieron que no se puede cantar siempre Barberos y Elisires, sino que de vez en cuando hay que rescatar del olvido alguna partitura que tiene algunos momentos reseñables para así aportar algo más en sus estelares carreras operísticas.
Encuadrada todavía dentro del llamado repertorio belcantista, Linda constituye uno de sus últimos ejemplos ya que Verdi en 1842 estrena Nabucco, planteando de esta forma una nueva vía, no totalmete rupturista con Donizetti pero sí claramente distinta. Tras Linda vendría el año siguiente el célebre Don Pasquale, esta sí gran ópera de Donizetti, la última de sus obras conocidas. Linda presenta una estructura semicerrada para la época puesto que si bien hay dúos y arias claramente delimitadas, no encontramos tantas melodías pegadizas como podría esperarse, las cuales no son de lo más inspiradas si tenemos en cuenta el genio melodista que es Donizetti. En resumen, es una ópera pasable que no está a la altura de óperas como Lucia di Lammermoor,L’elisir d’amore, Don Pasquale, Anna Bolena o Roberto Devereux por citar algunas de sus más de 70 creaciones.
Linda es una muchacha pobre de un pueblo de Francia que vive con sus padres en una casa propiedad del Marqués, quien utiliza la situación de dependencia de Linda para obtener de ella favores amorosos, a los cuales rehúsa. Los padres de Linda, a tenor de los acontecimientos deciden enviar a Linda a París a casa del Prefecto, con el fin de alejarla del marqués. Linda está enamorada del sobrino de éste, pero la madre de Carlo quiere casarlo con una chica noble, y no con Linda. Carlo va también a París detrás de Linda y le pone un piso lujoso, donde va a vivir ella, pero allí llega también el marqués buscando más de lo mismo. Ella no tiene más remedio que echarlo de la casa. El padre de Linda va en busca de su hija a París y (oh casualidad casualidad) entra en su casa, sin siquiera reconocerla hasta que ella le dice su nombre, tras lo cual él sigue negando un buen rato que sea su hija. Cuando se da cuenta de que está en lo cierto, la regaña y de qué manera. Ella empieza a enloquecer porque Carlo se va a casar con su prometida, y decide volver a Chamounix, donde se recupera algo. La madre de Carlo accede, y con final feliz se casan Lida y Carlo.
Diana Damrau. Al ser una ópera de soprano acaparó casi todo el tiempo y el protagonismo. En el primer acto comenzó algo metálica aunque con un aria en cuya coloratura arriesgó y trabajó. Sin duda se vino arriba en el segundo, tando en los dúos como en la escena de la locura, que emocionó al público. Dio muestras de su control vocal, sus medios, y su buen gusto. Fue capaz de aumentar el valor de la ópera.
Juan Diego Flórez. Como siempre que lo he escuchado, sobresaliente sin paliativos. Tiene pocas intervenciones en esta ópera y no puede lucirse tanto como en sus grandes papeles , por ejemplo el Almaviva del Barbiere. Dio agudos no escritos con una seguridad pasmosa, y su línea de canto es intachable, canónica, muy melosa, su fraseo es exquisito. Conseguí hacerme una foto con él a la salida.
Silvia Tro. La mezzo, que se enfunda en un personaje masculino, posee casi tantas intervenciones como el tenor y estuvo más que notable, con un color muy agradable y fresco, su voz empasta muy bien con la de la soprano en el dúo del acto segundo.
Bruno de Simone. Muy simpático me pareció este buffo, tanto en el escenario como fuera de él. Su condición de cómico tiene que ser demostrada pero siempre sin gestos excesivos o fáciles que puedan suponer un sacrificio del canto en pro de la actuación. No es Enzo Dara pero cumplió sobradamente.
Pietro Spagnoli. Aceptable y correcto este barítono de voz clara y buen gusto pero con problemas evidentes en el agudo y en el grave.
Simón Orfila. Buen bajo en sus contadas intervenciones que en alguna ocasión se quedó corto en algún grave pero con una buena expresividad y profesionalidad.
Marco Armiliato, director. La orquesta del Liceu es bastante mejorable pero el maestro Armiliato, que dirige bastante en Nueva York, hizo lo que pudo y no sonó mal del todo.
El coro mejor por el lado femenino que por el masculino.

El bufón que dejó de reír, o Rigoletto

Rigoletto, 26/4/2011, MET New York.

Rigoletto: Zejco Lucic
Gilda: Diana Damrau
Duque de Mantua: Giuseppe Fillianotti
Maddalena: Nancy Fabiola Herrera
Sparafucile: Stefan Kozak

Dirección musical: Fabio Luisi

Primera ópera de la trilogía popular verdiana (junto con Il Trovatore y La Traviata), Rigoletto marca un antes y un después en la ópera italiana. Como ya hablé de ella hace 2 años cuando la vi en Murcia, me limito a la crítica de los cantantes.

A pesar de la crisis profunda de barítonos verdianos que existe, Lucic es una de las contadísimas excepciones. Y si añadimos que Rigoletto es uno de los papeles baritonales más apetecibles y exitosos (si se canta bien, claro está), la combinación, o mejor dicho, fusión entre ambos, aporta un preciado disfrute al aficionado verdiano. Su punto fuerte diría que es el fraseo y la acentuación del texto de un personaje que conoce muy bien y ha rodado por los más importantes escenarios mundiales. Quizá echemos en falta algo de metal, a lo Bastianini o a lo Milnes, pero es otro concepto de Rigoletto, algo menos agresivo que lo que se solía escuchar en los 50 y 60. Sobresaliente.
La Damrau (yo creo que le podemos poner ya el artículo delante, como se ha hecho siempre con las Grandes) es una de mis Gildas favoritas, de ahora y siempre. Su timbre y cualidades vocales se identifican con este personaje, entre otros, y sus pianissimi, trinos, escalas, son de los más bellos que se han escuchado nunca. No me acordaba de Joan Sutherland esa noche, y eso es buena señal. Matrícula de arriba a abajo.
No entiendo cómo en el MET, quizá el mejor teatro de ópera en los últimos tiempos, se permite que canten profesionales así. Desafinado, forzado, y con agudos algo estrangulados, el tenor italiano no dio la talla, y se merece un suspenso. Empañó en cierto modo una noche magnífica.
La cantante canaria, pese a contar esta vez con un papel secundario, fue también uno de los puntos fuertes de la actuación. Notable.
Sparafucile, el malo de los malos, asesino al servicio de Rigoletto para matar al Duque, no molestó demasiado en sus contadas apariciones, dio bien su fa grave, aunque el fraseo no es lo suyo, muy tosco y mal ligado. Suficiente.

La dirección musical, si bien falta de volumen e intensidad, fue muy rica, matizada y colorista. Se despertó sólo en el tercer acto, el más violento de los tres. Notable.
El coro sensacional, y la puesta en escena clásica y tradicional, bastante bonita.

Contamos con infinidad de grabaciones.

Bonynge; Milnes, Sutherland, Pavarotti. 1971. (estudio)

Kubelik; Fisher-Dieskau, Scotto (mucho mejor la Scotto aquí), Bergonzi. 1963 (estudio)

Gavazzeni; Bastianini, Scotto, Kraus. 1961 (directo)

Giulini; Cappuccilli, Cotrubas, Domingo. 1978 (estudio)

(y para los callistas…) Serafin; Gobbi, Callas, Di Stefano. 1955 (estudio)